viernes, 11 de septiembre de 2009

AVARICIA


Te muestras ante mí, con tu pene erguido, 
desafiando el límite de la verticalidad, 
y me pones en la disyuntiva de elegir ¿qué hacer con él?
¿Atraparlo en el deseo de mi boca
 o cabalgarlo entre mis piernas,
 invitándolo a la vorágine de mi sexo,
 ávido de promesas masculinas?
Y yo, que soy avariciosa, 
decido primero hacerlo sucumbir entre mis labios,
y luego sucumbir yo ante él mientras lo monto.

No deberías venirle a una mujer hambrienta 
con estas tesituras: corres el riesgo 
de ser devorado por el fuego... 
¡ Quémate conmigo, amor, en esta llama!
 Dejemos que se consuma la lujuria,
 y cuando queden nuestros cuerpos devastados,
 mezclemos tus cenizas con las mías...
 Entonces seremos uno y no habrá más elección, 
¡ sólo vivirnos!