
Te muestras ante mí, con tu pene erguido,
desafiando el límite de la verticalidad,
y me pones en la disyuntiva de elegir ¿qué hacer con él?
¿Atraparlo en el deseo de mi boca
o cabalgarlo entre mis piernas,
invitándolo a la vorágine de mi sexo,
ávido de promesas masculinas?
Y yo, que soy avariciosa,
decido primero hacerlo sucumbir entre mis labios,
y luego sucumbir yo ante él mientras lo monto.
No deberías venirle a una mujer hambrienta
con estas tesituras: corres el riesgo
de ser devorado por el fuego...
¡ Quémate conmigo, amor, en esta llama!
Dejemos que se consuma la lujuria,
y cuando queden nuestros cuerpos devastados,
mezclemos tus cenizas con las mías...
Entonces seremos uno y no habrá más elección,
¡ sólo vivirnos!
desafiando el límite de la verticalidad,
y me pones en la disyuntiva de elegir ¿qué hacer con él?
¿Atraparlo en el deseo de mi boca
o cabalgarlo entre mis piernas,
invitándolo a la vorágine de mi sexo,
ávido de promesas masculinas?
Y yo, que soy avariciosa,
decido primero hacerlo sucumbir entre mis labios,
y luego sucumbir yo ante él mientras lo monto.
No deberías venirle a una mujer hambrienta
con estas tesituras: corres el riesgo
de ser devorado por el fuego...
¡ Quémate conmigo, amor, en esta llama!
Dejemos que se consuma la lujuria,
y cuando queden nuestros cuerpos devastados,
mezclemos tus cenizas con las mías...
Entonces seremos uno y no habrá más elección,
¡ sólo vivirnos!


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