
Mis pechos son pequeños,
pero tienen pezones como fresas maduras,
hechos para calmar el hambre de los niños
y alimentar el deseo de los hombres.
Si los tocas se vuelven erectos.
Lleva a ellos tu boca y saborea
el recuerdo de tu primera infancia.
Mécelos con tu lengua.
Me duelen de placer.
Voy a hacerle a tu piel un traje de saliva
y a convencer al extremo más dúctil de tu cuerpo
para que les haga a mis pechos
un traje blanco de semen, como si fueran de fiesta.
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